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La Coctelera

vikita

10 Junio 2005

Esto se pone serio y Sinsabores, sorpresas y suspiros de ser extranjera en su propia casa

CAPITULO I

Esto se pone serio
OK, hasta ahora solo les había contado mis aventuras y desventuras recogidas en mi vida cotidiana, en primera persona, lo que a mi me pasaba. Ahora “me entere” que existe el teatro africano, y me fui a ver dos obras. En ambas se toca la temática del blanco en África, y ambas escritas por negros, con lo cual fue algo re interesante y lo quiero compartir con uds.

La primera se llama algo así como “La muerte y el cuidador de caballos del rey” , y es una obra de Wole Soyinka, un senegalés ganador del premio Nobel de literatura (hasta eso tiene África).
La obra se desarrolla en un teatro al aire libre, escenografiado al respecto. El público se sienta en unas gradas, y lo que ve es un escenario como de montañas y paredes movibles que se acomodan a cada escena. Básicamente la historia se trata de la vida de un cuidador de caballos del rey. El rey ha muerto y la tradición indica que cuando muere el rey el cuidador debe ser enterrado con el. El esta totalmente preparado y feliz, es un honor para el y la seguridad para la tribu que ninguna maldición caerá sobre ella.

Pero la cosa no es tan simple: el pueblo esta “custodiado” por los blancos holandeses que vienen a asegurar la paz y seguridad. Esta el gobernador, y el comandante. Los cargos mas bajos están cubiertos por locales.
En fin, el comandante holandés hace todo lo posible para evitar que el cuidador de caballos sea sacrificado. Los locales lo tratan de persuadir hasta la violencia para que lo permita, porque si no una gran maldición caerá sobre el pueblo. El con sus reglas occidentales no lo puede permitir.

El hijo del cuidador de caballos, obvio negro, viene desde holanda, donde se encuentra estudiando medicina, para despedirse de su padre. Se había enterado que el rey había muerto y por ende sabia que su padre moriría. El joven había sido educado por los blancos, quienes al ver su potencial lo habían enviado a holanda. Hacia 4 años que vivía allí y el comisario y su esposa le manifestaron mucho afecto cuando lo vieron llegar. Un negrito vestido de traje, contrastando con los negros vestidos de trajes típicos que se movían por todos lados en la obra.

En base a la confianza que le tenían, el comisario y la esposa le pidieron que salve a su padre. El se negó rotundamente, esa no era la tradición. Una gran maldición caería sobre la población si el no moría.
El joven desaparece y el comandante se decide a salvar al padre bajo cualquier circunstancia. Todo un código de tambores indica lo que va pasando.
Al ratito, el comisario viene con el cuidador, “salvado”, encadenado como un animal y lo deja encadenado para que no se escape y se mate.
Le piden unas mujeres locales, hacer el rito en la cárcel, si bien el no moriría, por lo menos harían todos los pasos necesarios, para atemperar a los dioses.

El coronel le permite. Llegan con una gran manta de paja, que envuelve algo. Hacen el rito. Y cuando terminan, la abren, y se ve al hijo del cuidador, que se había suicidado para evitar la maldición del pueblo. Como al padre no lo habían dejado matar, el chico se suicida. Obviamente, al ver eso, el padre también se suicida.
En fin, esto es muy resumido, y se pierde la riqueza de la obra en tanto música, colores, vestidos, estenografía abierta, etc. Pero lo que si queda claro es como nos pintan a los blancos los negros: avasalladores de su cultura, tontos, simples, todos iguales, incapaces de comprender alguna regla que no haya sido impuesta por nosotros, y eso deviene en una gran tragedia para ellos. Estuvo genial.

La segunda obra, que vi ayer, se trata de un rebelde de la jungla, preso, y su abogada que lo quiere salvar. Lo que es interesante de esta obra, es como el rebelde cuenta que su lucha es solo una lucha alimentada por blancos, que quieren quedarse con la riqueza. El dice que las compañías extranjeras (los yanquis con el petróleo, los holandeses con los diamantes, los belgas con el oro, y así todos) piden al gobierno la prospección de esos minerales. Cuando descubren una mina viable, el gobierno le pide demasiado dinero en coimas para dejársela explotar.

Entonces hacen lo que les sale mas barato a ellos: les dan armas, drogas y dinero a una minoría rebelde, para que tomen la zona bajo pretexto de ‘insurgencia’. Controlan la zona y estos extranjeros pueden explotar la mina a su antojo.
Cuantas veces habrá pasado?

En fin, internarse en África es re interesante, y leer de sus crónicas mas aun.

Capitulo II

Sinsabores, sorpresas y suspiros de ser extranjera en su propia casa.

Episodio 1. Pollo a la cacerola.

Ok, yo simplemente tenia ganas de comer pollo. Si, ese pollo que tan bien todos ustedes conocen por mis reportes anteriores, y que por ende hacia tanto que no comía. Se me antojo. Y le pedí a Bibata, la señora que me cocina, que haga un pollo a la cacerola.

Me fui. Cuando regreso, la veo arrodillada frente a un balde. Del balde salían unas plumas.. pensé que había comprado un plumero, y que lo estaría lavando. Me acerco, y miro mejor. Atónita veo que adentro del balde había un pollo verdadero! Un pollo con plumas, cabeza y garras! Ella me miraba con toda normalidad y yo intentando salir de mi estado de shock le decía que hacia mucho que no veía un pollo así... que en Argentina los pollos vienen en bandejitas y se los encuentra en los supermercados, sin plumas, sin piel, sin huesos... en fin, el pobre pollo me miraba con su cuello retorcido mientras Bibata me explicaba que había ido al mercado, lo había seleccionado vivo, porque es muy importante verlos caminando, y le había pedido al dueño este pollo, y el lo había matado para ella, para mi.

No se preocupen, cuando estaba a la olla, hice el sacrificio de olvidarme... y me lo deguste dichosa. Pero ojo, el próximo pollo me lo como un dia que no vuelva temprano a casa.

Episodio 2. Alcánzame el termo

Sábado a la tarde. Calor de 43 grados, bajo el ventilador y preparándome para ir a la pile. Pongo el agua para mate. Le pido a Bibata que me la ponga en el termo. Claro, con mi francés, costo mucho. Pero no era eso, yo me daba cuenta que no, porque yo le explicaba de muchas maneras y ella no cazaba una. Aclaro que mi termo es uno de medio litro, todo pintadito de naranja con flores. Llamativo el chiquito.
Cuando al fin me levanto y le muestro lo que es el termo, me dice: “ah, esto era? Yo pensé que esto era un perfume” (¿?)

No, no piensen que es tonta, solo le tuve que explicar una sola vez lo que era el papel higiénico y para que servia, lo mismo que las servilletas y los cuchillos, y las sabanas. Ojo, también lo que era una pizza y una tarta, pero lamentablemente no he tenido éxito con estos capítulos. Voy a tenerme que quedar un sábado para que las hagamos juntas. Tampoco con el uso de la lavandina, lo que me costo el deceso de una hermosa camisita naranja. En fin.

Episodio 3. Peras al olmo
Sábado a la noche, venían amigos a cenar. La primera vez que invitaba en casa a un grupo grande, seriamos 7. Compre vajilla, fuentes, etc. Me la pase el sábado cocinando, con Bibata. Hice pastel de carne y guiso de lentejas. Todo estaba preparado; mesa puesta, entrada, platos, postres. Solo faltaban los pequeñitos detalles. Tengo unas velitas que me regalo mi amiga Andrea y que adoro. Entonces las pongo en unas compoteras de agua y las velitas flotaban. Por esas cosas de la vida, viste que las pautas culturales son tan distintas entre continentes, le pregunto a Bibata; “che, te parece que ponga estas velitas en la mesa?” ella me contesta; “es para enjuagarse las manos, no?” claro, ahí me acorde que comen con las manos y en los restaurantes finos les ponen compoteritas asi para que se enjuaguen. Me imaginaba a todos los negros tratando de esquivar las velitas o quemándose, y a las velitas tratando de resistir los embates de todas las manos que vinieran a enjuagarse... En un segundo intento de hacerle comprender, dije, “no, es para que den luz... en la mesa”. Me contesto; “pero vas a apagar la luz eléctrica?”
Ok, apague las velitas; tire el agua, me asegure que no quedara una sola gota en las compoteras, y me senté a esperar a los comensales, en paz.

Episodio 4. Ácido muriático de adorno culinario

Día de semana. Dos horas y medias para almorzar (y ver la novela, es cómico que a esa hora pasan una novela venezolana, y a veces “Muñeca Brava”, con lo que almuerzo con Natalia Oreiro y me da risa). En fin, las dos horas y media, si no esta todo listo, pasan un tanto rápido y tengo que correr.
En mi plato, una montaña delicioso rissotto preparado amablemente por Bibata. En su cumbre, un vegetal amarillo reluciente, brillante, parecía un ají morrón amarillo.

Claro, estaba tentador. Antes de comenzar con el rissotto, tomo ese gran vegetal con mi tenedor, y me lo mando. Justo en el momento en el que Bibata entra para decirme algo urgente y cuando ve la escena se pone a gritar. No hizo falta escucharla, el pimiento que cubría toda mi boca exploto en un fuego como jamás había experimentado. Un ácido, un incendio en mi boca que pude escupir por acto de defensa. A pesar de no tenerlo mas en la boca sentía una quemadura interna que latía, desde la garganta hasta el paladar, pasando por las encías y la parte interna de los cachetes. Comencé a temblar, y a llorar y a gritar, y a caminar como loca. Bibata corría detrás mío, me quería tocar pero yo corría mas fuerte (como si el correr me aliviara el dolor!!!), vociferando insultos en castellano. Ojo, no la insultaba a ella sino al mundo, pero ella pensaría que era para ella! Al final se avivo y me trajo una botella de agua. Pare de correr y comencé a tomar agua. Claro que el ardor solo se me calmaba cuando el agua pasaba por la garganta, no si la mantenía en la boca, con lo cual tenia que beber y beber y beber agua para tener un segundo de paz tragaba. Claro, después del primer litro y medio pude dejar de correr y de temblar, y de llorar, pero el estomago no me daba mas. Entonces le dije que buscara otra solución (imagínense pensar, y en francés, en esa situación!) y salió pitando a comprar leche. Me trajo la leche y poco a poco el dolor se fue calmando. Toda la situación habrá durado unos 15 minutos, que fueron eternos. Cuando deje de sentir el dolor, y de temblar, y de llorar, y de putear... ya no me quedaba tiempo para comer. Ni ánimos! Solo le agradecía a Dios haber terminado con ese suplicio que pensé que jamás terminaría.
Y, si. Mi querida Bibata se había olvidado de decirme que ese vegetal amarillo es la versión vernácula del ají de la mala palabra nuestro, solo que mucho mas grande. Claro, ella “creía que yo lo conocía”. Como voy a conocerlo?
Creo que ahora entenderán mejor el titulo de este capitulo, no?

Episodio 5. Guardianes eran los de antes

Por la semana de la conferencia me dieron un auto. Anduve en auto por todo Ouaga y alrededores. Una noche llego a casa tarde, el guardián estaba en la puerta... dormido. Como siempre, pero esta vez llegue en auto. Lo ilumine con las luces. Nada, placidamente seguía en los brazos de Morfeo. Espere. Acelere para que escuche el ruido del auto que estaba a centímetros de su cabeza. Nada; en mi mente maliciosa se me cruzaba tocarle bocina, pero era demasiado brutal despertarlo así. Seguí intentando todos los medios mas dulces, sin bajarme del auto, porque me parecía muy violento despertarlo cara a cara. En fin, después de un rato largo, en el que cualquier ladrón, con auto y todo podría haberse metido en casa feliz y contento, vencí mi misericordia y le pegue un bocinazo. Del salto casi cae del otro lado del portón! Pero eso si, diligentemente me abrió la puerta, y con su mejor sonrisa.
Esto ha sido todo por hoy, hasta la próxima y contesten cuando puedan

Vikita

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Mi nombre es Virginia Mariezcurrena, soy argentina, abogada y estoy trabajando en Burkina Faso, Africa. La intencion de este blog es compartir las sorpresas y experiencias de vivir en un mundo tan distinto.

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